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El verbo Estar

El verbo Estar se debería escribir con h intercalada,  de Esther, porque si hay algo que le llena a Alberto es eso, el estar de Esther.  Una pareja, dos pelirrojos, un solo amor, tantos objetivos en la vida que es dificil empezar a escribir cual de ellos es su principal punto de mira. Fútbol, moda, el amarillo, el rosa, el azul, el rojo  y el blanco o el rojo, amarillo y morado, siempre en las estanterías de la casa de Alberto. Preboda improvisada delante de una bañera antigua, o delante de las torres de la catedral de Salamanca, casi a su misma altura. Fiesta. Mucha fiesta. Lágrimas de emoción, de alegría y alguna de tristeza. Abrazos fraternales, de amistad infinita, de profundo querer. Y el verbo esthar, de Esther,  porque así lo quiere Alberto, así lo desea, con un verbo que se inventan, querer no es solo amar es estar, acompañar, sentir y olvidar. Recordar el futuro. Y esthar, ahora Alberto, junto a ella, la del verbo con h. Y juntar frases, y letras aspiradas. ” Y acojo en mi hogar palabras que he encontrado abandonadas en mi palabrera. Examino cada jaula y allí, narrando vocales y consonantes. Encuentro a sucios verbos que lloran después de ser abandonados por un Sujeto que un día fue su amo, Y de tan creído que era prescindió del predicado. Esta misma semana han encontrado a un par de adjetivos trastornados, a tres adverbios muertos de frío, y a otros tanto de la raza pronombre, que sueñan en sus jaulas con ser la sombra de un niño. Se llama entonces a las palabras que llevan más días abandonadas, y me las llevo a casa, las vacuno de la rabia, y las peino a mi manera, como si fueran hijas únicas, porque en verdad todas son únicas.”

 

Valencia. Estos son verbos.

Valencia. Compartir, sentir, abrazar, beber, pasear, comprar, charlar, reir, cocinar. Verbos para añadir a un viaje lleno de sentimientos, de emociones, de vivencias y de trabajo. Un viaje a Valencia que duró cuatro días con sus noches. Cuatro días que convivimos con Sara y Antonio en su casa. Sin hacer nada excepcional atrapamos amistad, complicidad y amor. Diversión. Vivir en el número 12. Comprar los ingredientes en el mercado para hacer en casa la que hasta ahora, ha sido la mejor paella que he comido en mi vida, (¡qué manos Antonio!). Acompañarme a comprar unos pantalones cortos porque no esperaba que hiciera tantísimo calor. Compartir su alegría de estar nominados en el festival de cine de San Sebastian por una película de animación. Acompañarlos al hotel a llevar cosas de la boda. Charlar en la playa. Conocer amigos. Cenar con sus amigos. Ver y sentir. Crear fantasias en forma de dibujos y contrastarlo de manera científica.  Cenar de tapas acompañadas por unas Turias (cerveza autóctona), y terminar de emborracharnos en casa con Herbero (licor típico de Valencia).  Madrugar para comprar los croisants y el pan recién hechos en la panadería del barrio. Estos son.

 

 

 

 
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Fotografías de la boda de María y Rubén

He de reconocer que cuando conocí a María en la boda de su hermano Javi, lo primero que pensé es, ójala cuando esta chica se case cuente conmigo para que lo recuerde durante toda su vida, porque además de guapa, María está siempre sonriendo, apostaría que cuando llega a casa le duelen los carrillos de estar siempre con esa cara de felicidad que todo lo inunda. Por supuesto, Rubén le sigue los pasos, un hombre simpático, amable, abierto. Así que cuando hace algo así como un año se presentaron para decirme que se casaban y que querían que yo fuese su fotógrafo de boda, la alegría fue máxima. Una boda en la que tuvimos mucha suerte, porque mientras estábamos en Salamanca con Rubén cuando se preparaba estaba lloviendo, y como podréis ver en la primera foto del resumen, se despejó y aunque se quedó fresquito, hizo un precioso día.

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Boda en Santander

Santander Salamanca, como un título de película y como tal, la boda de Marta y Jurro, ha sido muy esperada en nuestro estudio, lo primero porque por motivos personales de la pareja, hubo que posponerla un año entero, y segundo porque son de esas parejas que te hacen sentirte un amigo suyo desde casi el primer momento. La postboda, la hicimos en la maravillosa playa de Valdearenas de SantanderMe fui con mi mujer para disfrutar de unos maravillosos días en Cantabria. Si no lo conocéis, os lo recomiendo de corazón. Marta y Jurro nos dejaron un apartamento que tienen en la montaña, alejados de ruidos, de bullicios, de estres. Entrar y salir cuando uno quiere, sin obligaciones, sin destinos, recorrer Cantabria sin un rumbo…Verde, montañas, nubes, humedad, playa, mar, rocas, pescado…Comillas, Santander,  El Sardinero,  Potes,  Reinosa, Torrelavega,  Laredo… Una boda donde no solo los novios si no todos los invitados te dejan hacer, se hacen complices de tu trabajo…Ceremonia religiosa en la Catedral Nueva de Salamanca, en la mini capilla de la Virgen de la Soledad, exteriores llenos de magia y de luz, un atardecer maravilloso en el campo. Espigas, globos, zapatillas converse, espigas caminos, polvo, amapolas, margaritas…y luego cena y fiesta en el Parador. Prácticamente todo lo que un fotógrafo de boda puede desear. Gracias parejita.

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Esther y David (21 de Julio 2012)

No sé si es algo que busco, de manera inconsciente o que, con el paso del tiempo, el tipo de clientes con los que trabajo suelen responder a determinado perfil. Bueno, “perfil” no es una buena palabra. Mis clientes, cada vez con más frecuencia, me demuestran que son, básicamente, buenas personas y pronto dejan de ser “sólo clientes”, para ser casi amigos. Cada visita al estudio de Esther y David comienza como una cita profesional y suele terminar como una charla de un montón de temas. A veces, hasta con algunas cañas por ahí. Lo de buena persona Esther no puede negarlo, por el simple motivo de que siempre tiene la sonrisa franca en la cara. Y David, lo mismo. Tanto en el aspecto profesional como en el personal, está dispuesto a echarte una mano en lo que necesites. El día de su boda, no hicieron otra cosa que comportarse – conmigo y con todos los demás – tal y como son: sensibles, honestos y dispuestos a divertirse, a pasarlo bien. A disfrutar de su día. El reportaje, fresco y tan “de cara” como son sus protagonistas, con el Hotel D. Fadrique (Alba de Tormes) y la capilla desacralizada del Palacio Fonseca como escenario. La comida, excelente y la sesión de post boda en las ferias, al anochecer. Técnicamente muy complicada, pero con unos resultados diferentes a lo que solemos ver habitualmente. Sin olvidarnos, por supuesto, del fantástico vídeo de Carlos Lorenzo Rubio. Que la disfrutéis

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