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Ché (14  febrero  17 )

Hay personas que llegan a tu vida así como por casualidad, como de puntillas, como sin querer molestar. Hay personas que se hacen imprescindibles desde que te dan el primer abrazo. Abrazos de esos de mas de treinta segundos, de los que liberan Oxitocina para una buena temporada.

Che se ha hecho mi hermano, comparte conmigo todo lo que se puede compartir e incluso lo que tampoco se puede. Che Rivas es el valioso hijo de Tomás y de Pilar, el gran hermano de sangre de Lucía y de Tómas. Y el Nieto de Juanita.

Mi hermano barbudo es mi hermano de dire straits, mi brother in arms, es el único que me llama Ford, es aquel que trabaja de manera incansable, el que sale de fiesta de la misma manera y el que quiere y ama a los que estamos junto a el de la misma manera incanseble.

Se que mi hermano tarde o temprano,  planeará sobre otra tierra estable y querrá regresar sobre el viento suave. Y le despediré con lágrimas en los ojos, lágrimas de felicidad, porque al final el habrá encontrado los días idóneos para practicar el contraespionaje por tu ciudad. Barcelona se disfrazará de poblado de modernidad, y se encargará de que los nativos sean más amables.

Che, el hombre que nunca tiene frio. Y septiembre vendrá a buscarle, y esta vez si se sabrá la lección, sobre saber comportarse al nacer, y en el adiós.

Otros día os hablaré de mi medio corazón y del otro barbudo con los que comparto embarcación en la última foto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Momentos de una vida (11 Abril 12)

Hay ciertas cosas, ciertos momentos en tu vida que, mientras ocurren, sabes que no los vas a olvidar. El primer beso con una chica, tu aprobado de Selectividad, tu primer premio de fotografía, aquellas vacaciones especiales, películas, canciones, fotografías, sabores, olores… También paisajes, ciudades, conversaciones, conciertos, exposiciones, reencuentros con amigos, cumpleaños sorpresa, el día de tu boda…

Pero hay uno que, sin duda, te marca. Y lo hace de una manera que nunca habíamos imaginado, profunda, tan honda que no se puede explicar ni con palabras ni con imágenes por mucho que te esfuerces. Te va a acompañar toda tu vida, quieras o no quieras, esperes o no que vaya a ser así. Algo que hará que comprendas a tus padres como nunca jamás habrías pensado.

Ese “algo” hace que miles, millones de cosas que conformaban tu primer y segundo universo diario pasen a conformar segundos y terceros planos. Esa sensación se agudiza cada día que pasa y provoca que nunca vuelvas a querer, a amar de la misma manera. Ese “algo” hace que tus problemas tomen otra dimensión más lejana. Con esa sensación dentro, nunca volvemos a ser como éramos, porque comenzamos a ser seres de luz, seres amables, seres que sólo quieren la bondad entre los hombres

Esto que he intentado describir – torpemente, supongo – no es otra cosa que tener un HIJO. El mío se llama Alberto.

Lo que más me gusta (16 Mayo 12)

Cuando haces algo que te gusta, que te apasiona y amas, entonces disfrutas, sueñas y eres feliz; si además, todo esto es tu profesión, elegida porque has querido – a lo mejor ella me ha elegido a mí, quién sabe –, entonces te pasa lo que me está ocurriendo a mí, cuando hago fotografía de bodas. Soy feliz. Amo esta profesión.

Evidentemente, cuando amas tu profesión y te gusta hacer las cosas bien, siempre tienes referentes, gente a la que admiras y sigues, como a mi amigo y maestro Fer Juaristi. Fer pertenece a esa generación de nuevos fotógrafos de boda que nos ha hecho saltar de nuestros asientos. Fer es mexicano. En México, ahora mismo, se vive una auténtica revolución en lo que se refiere a fotografía y videografía de bodas. Allí, concretamente en Querétaro, nació BodaF, el Congreso Internacional de fotógrafos y videógrafos de boda, un gran referencia, tanto para mí como para muchos amigos y compañeros de profesión. Por suerte, desde hace un para de años también contamos con BodaF Madrid. Ni que decir tiene que, ni mi hermano ni yo nos hemos perdido esta cita por nada del mundo. Allí hemos podido ver a algunos de nuestros amigos y maestros, como Fer Juaristi o Fran Russo, con quienes hemos compartido formas de trabajar, impresiones y muy buenos ratos.

Querétaro (México), por tanto, es la “Meca”, la casa de muchos de los grandes de esto, el lugar de nacimiento de las “nuevas bodas”, las “bodas diferentes” o las “bodas de destino”. El sueño para muchos de nosotros.

A día de hoy, la felicidad y el gozo corren por mis venas; a finales de Octubre vuelo a México DF y, luego, a Querétaro para realizar dos reportajes fotográficos a sendas parejas. Sí, estoy emocionado. Y, en cierto modo, también “acojonado”. Me marcho a hacer una boda diferente, divertida y de destino precisamente a la cuna de todo esto, a trabajar prácticamente codo con codo – alguno ya se ha ofrecido a echarme una mano, lo que es un honor y casi me da vergüenza – con Fer Juaristi, Dany Aguilar, Toby Castejón, Carlos Alonso… y, por supuesto, “los del vídeo”, Gus y Cía, de Funky Cinema o Reelove, también amigos y maestros de mi hermano, Carlos Lorenzo.

Así que, como os podéis imaginar, estoy feliz. Iba a decir que trabajo en lo que más me gusta y, cuando esto es así, deja de ser trabajo; si encima te pagan por hacer lo que más te gusta, la palabra “trabajo” desaparece. Me contaba Fer que, cuando se va a hacer una boda de destino, su hijita Maya le pregunta a su madre si “papá se ha ido a trabajar”, a lo que la mujer de Fer contesta: papá no está trabajando, está haciendo lo que más le gusta.

Tato (24 Mayo 12)

Nunca me he considerado una persona pretenciosa ni “listilla”, ni tampoco me gusta prejuzgar a otros sin conocerlos, o incluso conociéndolos. Pero tengo que reconocer que, hace unos días, he recibido una de esas lecciones a nivel emocional que difícilmente podré olvidar.

A principios de mes, mi hermano Carlos y yo nos trasladamos a Gijón con la difícil – y no siempre agradable – tarea de acompañar a mis tíos Juan Antonio y María Inés, a mis primos Quique, Fernando y Miguel en la despedida de su hijo y hermano, mi querido primo Tato.

Tato, pese a mucho, era un amigo, un hombre de los pies a la cabeza, una persona amable y dulce, que se hacía querer y amaba. Tenía una deficiencia de nacimiento, tanto motora como cognitiva, una deficiencia de la que nadie se acordaba. Tato era una persona sin rencores, con un corazón grande como el que más, con unos ojos azul infinito que se hacían transparentes cuando te sonreía.

Mi temor era llegar a Gijón y encontrar a mis tíos y primos absolutamente deshechos, bañados en mil lágrimas, hundidos en una oscuridad en la que difícilmente podría aportar algo de luz. La luz, mira tú por dónde, me la dieron ellos a mí. Sus abrazos, sonrisas, palabras y miradas (algunas tan azules como las de Tato) me llenaron de cariño, ternura y amor.

Cualquiera que siga mi forma de pensar en los últimos meses sabrá que, gracias a mi hijo Alberto y a mi amigo Julio de La Torre, el motor que mueve mi vida – espiritual y profesional – es el amor. Por amor trabajo en lo que me gusta, hago más sacrificios por estar junto a los que quiero, fotografío amor cada día. Lo recibo en cada abrazo de mi niño, en cada mirada de mi mujer, Loreto, en cada palmada en la espalda de mi padre, en cada beso de mi madre… Es eso lo que me hace ser mejor persona, hacer más el bien, trabajar a gusto, hablar con mis amigos con la máxima sinceridad.

El otro día, cuando fuimos a despedirnos de mi primo Tato en el jardín de su casa, recibí una lección. Pensaba que iba allí a dar cariño y el que lo recibió a raudales fui yo. Gracias, tíos y primos. Gracias, Tato

 Terrones (14 Dic 12)

A principios de este verano ocurrió una de esas cosas que te parecen lejanas, muy  lejanas, como de muy abuelos: la jubilación de mi padre. A él, siempre le ha gustado su trabajo, es más, no es que le gustase, es que le he visto disfrutar con él como a pocas personas con su profesión. Pese a todo, los últimos meses, se los ha pasado mirando el calendario. Casi 40 años trabajando en un mismo centro (IRNASA, perteneciente al CSIC), en un mismo departamento, con los mismos amigos y compañeros, que le han acompañado durante estos 40 años preciosos.

Mi padre me ha enseñado muchas cosas. Casi siempre siendo ambos conscientes de lo que me estaba enseñando, bien en materias académicas, bien “de las cosas de la vida”. Pero hay algo de lo que él no ha sido consciente. Y tampoco yo, hasta que, hace poco, he pensado en su nueva condición de no trabajador: El amor por lo que haces, el amor por tu trabajo.

A mi padre le he visto amar el suelo como materia prima, ese suelo tan apreciado y querido por él, ya que se ha pasado más de media vida clasificándolo, analizándolo, extrayendo, acariciando, observando… Fantástica esa manera de coger fragmentos de algo tan aparentemente prosaico y terrenal como un trozo de suelo, pequeños terrones que eran deshechos en sus manos con una suavidad extrema. Eso, solo se puede hacer desde el Amor. Al trabajo, amor a tu profesión.

Y esto es lo que me ha enseñado mi padre: a amar mi profesión, querer lo que todos desean, levantarme todos los días porque sé que me espera una profesión que adoro, a la que le rindo muchas horas porque la amo. Gracias papá.

PD: La verdad es que yo no me veo (ahora mismo) jubilándome con 65 años, y dejando mi amada profesión. No sé si en buenas o malas manos.