Valencia. Estos son verbos.

Valencia. Compartir, sentir, abrazar, beber, pasear, comprar, charlar, reir, cocinar. Verbos para añadir a un viaje lleno de sentimientos, de emociones, de vivencias y de trabajo. Un viaje a Valencia que duró cuatro días con sus noches. Cuatro días que convivimos con Sara y Antonio en su casa. Sin hacer nada excepcional atrapamos amistad, complicidad y amor. Diversión. Vivir en el número 12. Comprar los ingredientes en el mercado para hacer en casa la que hasta ahora, ha sido la mejor paella que he comido en mi vida, (¡qué manos Antonio!). Acompañarme a comprar unos pantalones cortos porque no esperaba que hiciera tantísimo calor. Compartir su alegría de estar nominados en el festival de cine de San Sebastian por una película de animación. Acompañarlos al hotel a llevar cosas de la boda. Charlar en la playa. Conocer amigos. Cenar con sus amigos. Ver y sentir. Crear fantasias en forma de dibujos y contrastarlo de manera científica.  Cenar de tapas acompañadas por unas Turias (cerveza autóctona), y terminar de emborracharnos en casa con Herbero (licor típico de Valencia).  Madrugar para comprar los croisants y el pan recién hechos en la panadería del barrio. Estos son.

 

 

 

 
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Entre el río Tormes y la ría de Vigo

Cuando te piden hacer una postboda en las Islas Cíes, esperas encontrarte (siendo verano), un día de calor, soleado, arena blanca y un mar con el mismo color que los ojos de la novia. La sorpresa viene cuando me explica mi buen amigo fotógrafo Nacho Morán, que en Vigo hay microclima, y que el tiempo allí es de lo mas impredicible. Nos encontramos mas niebla que en el llanuras de Valladolid, una brisa acompañaba a las nubes bajas, y por supuesto, el atlántico estaba en su punto: frío, muy frío. Lo mejor fue el desafío de enfrentarnos a algo así: las pocas horas de luz  y que los turistas salían de la isla en desbandada, con lo que nos dejaron una bellísima isla desierta mas propia de Noruega que de España.

Lorena y Alberto llegaron por primera vez al estudio casi de puntillas, como sin querer hacer ruido, sobre todo Alberto. Un binomio perfecto, el timido brillo de los ojos de Alberto con la sonrisa de terremoto de Lorena. Se pusieron en mis manos, o mejor dicho, en nuestras manos, porque mi hermano Carlos y su equipo le hicieron la película, desde el primer minuto. Todos sabíamos que iba a ser fácil, muy fácil. Y así fue. Una boda emocionante, llena de contrastes, como ellos, grandes sonrisas, lágrimas de emoción, abrazos tremendos, mucha familia, pero también muchos amigos. Muchas personas que demostraban su amor hacia nuestra pareja  y también entre  ellos. Sabíamos que iba a ser fácil. Un viaje a Galicia con mi hermano de armas Che Rivas y con mi amor y diseñadora Loreto. Muchos kilómetros para encontrarnos con el bueno de Nacho. Mucha cervezas, no, perdón, muchas Estrella Galicia, que no es lo mismo. Pulpo, mejillones y que se yo. Estábamos tres fotógrafos y una diseñadora ávidos de tener nuevas imágenes. Llenos de ganas por crear, por capturar amor y paisajes. Sabíamos que iba a ser fácil. Un barco, risas y nervios. Frío, y nosotros en pantalon corto y camiseta, claro. Conseguimos abordar la isla saltando a las escaleras del puerto, entre Ferry que entraba y Ferry que salía. Complicado con mochilas, ropa de cambio, zapatos de suela y cancán de vestido de novia. Sabíamos que iba a ser fácil y lo fué. Gracias Lorena, Alberto, Nacho, Loreto y Che.
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Abrazar, el verbo.

Del diccionario de la R.A.E., abrazar:

1. tr. Ceñir con los brazos. U. t. c. prnl.

2. tr. Estrechar entre los brazos en señal de cariño. U. t. c. prnl.

3. tr. Rodear, ceñir.

Quizá debería de parar de escribir aquí porque posiblemente sea el verbo que mejor defina esta boda. Y siendo fotógrafo, evidentemente mi máxima es que una imagen vale mas que mil palabras, sobre todo si yo, que soy el que escribe no lo hace bien, o al menos con la misma destreza que fotografía, que es la que me sale de dentro, de muy adentro, de esas neuronas tan simpáticas e importantes que tenemos en el corazón, esas que hacen que pensemos y actuemos con lo mas profundo, con lo mas hondo, con impulsos, con amor. Esas células que son las que Lucía y Fran usaron para decidir que quieren pasar el resto de su vida juntos, con todos los errores y con todos los aciertos de quien toma una decisión tan importante como es amarse. Y  lo querían hacer público, rodeados de un montón de gente que también tienen corazón y que también aman. Una ceremonia que ellos mismos crearon, con textos escritos por sus amigos, por su familia, por la gente que aman y que abrazan. Un lugar lleno de recuerdos en forma de objetos, de fotografías, de colores, de viajes y de ilusiones. Un lugar con historias de piedras de arenisca del rio de la vida, llenas de amor profundo y verdadero. Algo bello y lleno de amor. Me encantan los abrazos, mas que los besos. Con un abrazo te tienes que implicar mucho mas. Tienes que entrar en contacto casi íntimo con la otra persona, y eso amigos, no está dispuesto a hacerlo todo el mundo. Quizá solo los que merecen la pena.

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De abadía, tulipanes y semillas de chía.

Vicky y Alex son una de esas casualidades que te ocurren en la vida, igual que su encuentro. Él nació en Estocolmo, de abuelos salmantinos y criado en Barcelona. Ella de Colombia. Viven en Bruselas. Y se han prometido amor eterno en La Alberca, mas en concreto en La Abadía de los templarios. Ella cirujano, el técnico en telecomunicaciones en la Agencia Europea del Espacio. Lo dicho, casualidades. Estuvimos con ellos todo el día de su boda, pero justo a la hora de hacerse unos retratos ellos solos empezó a llover como si lo fueran a prohibir, justo hasta que se hizo de noche, justo hasta que empezaba la cena. Casualidad. Así que ya no había marcha atrás, nos fuimos allá a su casa, casi una semana compartiendo su vida con nosotros, y las fotos de postboda las hicimos en Holanda. Los desayunos junto a unos estupendos ventanales no los olvidaré seguro porque eran espectaculares a base de leche de almendras, semillas de chía, virutas de chocolate, frutos rojos frescos, canela, extracto de estevia y canela. Paseos por bruselas en un descapotable, cervezas en el famoso “Delirium tremens”, metralletas (megabocadillos), chocolate (por supuesto). Es un auténtico placer trabajar así.

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A fuego lento

Cocinar a fuego lento suele ser una de las premisas para que lo que estemos cocinando salga bien. Así es como llevan cocinando su amor Sandra y César. Pero, no solo su amor entre ellos, su amor por los amigos, por la familia, por sus trabajos. Ellos son pasión por el trabajo bien hecho, pasión por la cocina y la gastronomía. Su  encuentro no fue casual, estaban predestinados a amarse a fuego lento, entre cazuelas, sartenes, cazos y cuchillos, y allí se encontraron, en la costa, y allí comenzaron a amarse, viendo incendios de nieve y calor. Juntos han formado El Alquimista, donde siguen amándose, donde siguen queriéndonos a los que vamos a verles y a comer parte de su amor en los platos que César cocina y Sandra posa con suma delicadeza sobre el mantel. Amor, que una vez mas compartieron en la Sierra de las Quilamas, en el hermosisimo pueblo de San Miguel de Valero. Decidieron verse ellos dos solos, antes, vestidos como nunca antes lo habían hecho, para enseñarnos a todos que su amor es serio, que su amor no está calentado en el microondas.

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Soy, eres, son

Soy, eres, son. Soy feliz cuando parejas como Cris y Gonzalo deciden que voy a tener la responsabilidad, el placer, la osadía y el gusto de ser el fotógrafo que haga el reportaje del día de su boda. Ese día tan importante para todos aquellos que amamos. Importante para los que hacemos las cosas desde el amor. Una felicidad, que el día de la boda contagian aun mas a todos los que nos encontrabamos allí; si, Cristina y Gonzalo están hechos de esa pasta compuesta básicamente por un tres ingredientes, paz, amor y bondad, el resultado: la felicidad. Luis, eres afortunado por tener este trabajo, por tener a unas parejas tan adorables y achuchables.  Son seres de amor, seres que se quieren, y que quieren, que son felices cuando los demás lo somos. Son, como digo yo muchas veces, reversibles, porque son guapos por fuera, y guapos por dentro. Y creo no equivocarme cuando hago todas estas afirmaciones. Gonzalo, Cris, gracias por dejarme ser, por dejarme compartir. Una boda sencilla, donde tuve el placer y el gozo de compartir con mi hermano Carlos Lorenzo a los mandos del vídeo, y por supuesto, con el resto de compañeros de las películas, Zuzanna y Emilio. A mi lado, como en casi todas las ocasiones, mi hermano de armas Che.

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AMOR, MAR Y MONTAÑA

Escribir una entrada sobre una boda, nunca es fácil. Las bodas son un cúmulo de emociones, de sentimientos, de momentos, de gestos, de olores, de sabores, de sonidos, y por mucho que te esfuerces en contarlo con palabras, es muy complicado llegar al poder que tienen las imágenes.

Elena y Christian son de las parejas que se hacen querer desde el principio, así de golpe, sin anestesia ni nada. Se involucran al cien por cien. Y desde el prinicipio confiaron ciegamente  en nosotros para que le hiciéramos el reportaje del día de su boda (fotografía y vídeo).

El lugar elegido para la celebración fue la Abadia de los templarios (La AlbercaSalamanca). Allí todo es más fácil: el ambiente rústico del hotel, sus habitaciones abuhardilladas, los bosques de encinas… nos ayudan a absorber toda la energía positiva, y mágica que nos rodea. Y creo que esta vez la sinceridad, y esponteadad de los novios y los invitados, nos lo dieron todo hecho.

Christian es asturiano, y como todos los asturianos, lleva su tierra muy a dentro. Por eso quiso que fuésemos a hacer las fotos de post boda a la playa de Rodiles (cerca de Gijón). Magia pura por los cuatro costados. Cantábrico a raudales. Asturias.

Si a esto le añades trabajar junto a mi hermano de sangre y videógrafo, Carlos Lorenzo, y junto a mi hermano de armas, Che. Pasear por la Playa de San Lorenzo de Gijón. Compartir un gigantesco pote asturiano con nuestro buen amigo y colega Miguela. Y cenar unos cachopos de medio metro con unas sidrinas junto a los novios y sus tios…. Se me saltan las lágrimas al recordarlo.

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Fotografías de la boda de María y Rubén

He de reconocer que cuando conocí a María en la boda de su hermano Javi, lo primero que pensé es, ójala cuando esta chica se case cuente conmigo para que lo recuerde durante toda su vida, porque además de guapa, María está siempre sonriendo, apostaría que cuando llega a casa le duelen los carrillos de estar siempre con esa cara de felicidad que todo lo inunda. Por supuesto, Rubén le sigue los pasos, un hombre simpático, amable, abierto. Así que cuando hace algo así como un año se presentaron para decirme que se casaban y que querían que yo fuese su fotógrafo de boda, la alegría fue máxima. Una boda en la que tuvimos mucha suerte, porque mientras estábamos en Salamanca con Rubén cuando se preparaba estaba lloviendo, y como podréis ver en la primera foto del resumen, se despejó y aunque se quedó fresquito, hizo un precioso día.

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Boda de Laura y Alex

 

Laura y Alex son de esas personas que entran en tu vida fotográfica como de puntillas, pero sabiendo perfectamente lo que buscan y lo que encuentran. Son tan diferentes como complementarios, aunque hay en una cosa en la que si son iguales, en la grandeza de su generosidad. No creo que tenga mucho mas que decir. Su reportaje está hecho con todo el amor, con todo el cariño. Con ternura, con sonrisas y complicidad. Parece como si el reportaje de la boda hubiese sido una escusa para acercarnos a una amistad. Desde entonces han caído varias cañas, y hasta un cocido en Madrid. Las puntillas se han tornado en paso firme. Han entrado en nuestras vidas, y no creo que salgan tan fácilmente. Mil gracias

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Boda en Barco de Ávila

Una boda en Barco de Ávila es uno de esos pequeños regalos que te llegan en forma de reportaje, en forma de pareja que se ve a la legua que se quieren, sin necesidad ni siquiera de agarrarse de la mano o de darse un beso delante de mi.  Pedro y Mery, Mery y Pedro.  Él es de esos hombres que te abren los brazos de par en par, para que seas su amigo, una parte importante en la que confiar en uno de los días mas importantes de su vida. Mery, es preciosa por dentro y por fuera, como no podía ser de otra manera en una persona que cuida y enseña a los mas pequeños a crecer, a jugar y a querer. Barco de Ávila es un remanso de paz y de tranquilidad, un pueblo donde la peluquería,en la que se peinó Mery, está a diez metros escasos del bar donde Pedro, su padre, su suegro, y yo mismo tomamos café a media mañana. Un bar con fotografías de paisajes nevados, que nos recuerdan que estamos muy cerquita de la Sierra de Gredos. Y a otros tantos metros de distancia, la casa de los padres de Pedro. Una pequeña boda, donde puedes llamar a cada invitado por su nombre de pila, porque eran una docena y media. Reportajes que te marcan porque te han dado la autoridad para hacer lo que mas te guste, lo que salga de más adentro de mi corazón y de mis ojos…Y así lo hice desde el momento en el que salí de Salamanca, Sigur Ros sonando en el coche, paisajes llenos de árboles, olor a jara, a tomillo y a resinas, un placer trabajar en sitios como Barco de Avila y con parejas como Mery y Pedro. Gracias parejita, gracias por dejarme ser, y por dejarme hacer. Sí, aun más.

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